Cuando Enrique Foster probó un Malbec argentino por primera vez quedó atónito. Inmediatamente viajó a Mendoza, Argentina, con el fin de elaborar un Malbec con la óptima expresión varietal. Compró viñedos antiguos en la zona de Lujan de Cuyo y encomendó al enólogo Mauricio Lorca la elaboración de los mismos en una bodega construida para tal fin.

Con el tiempo y de la mano de Mauricio Lorca, Enrique descubrió las bondades de nuestra tierra más allá de la variedad Malbec y de la zona Luján de Cuyo. Es así como conoció y se sorprendió, nuevamente, con otras variedades y terruños. Se animó a más, llegó a Valle de Uco, desde donde hoy provienen las uvas con las que se elaboran sus vinos e incorporó a su línea nuevos varietales.

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